Ori and the Blind Forest


Ori and the Blind Forest es un juego de plataformas del tipo Metroidvania, porque está claro que no he jugado ya bastante a este género, que nos trae la mano de Moon Studios, un grupo de desarrolladores esparcidos por todo el mundo, algunos de los cuales sólo se conocieron en persona por primera vez al final de su ciclo de desarrollo de cuatro años cuando presentaron el juego en la expo E3. Describen haber creado el juego como una carta de amor dedicado a juegos de plataformas clásicos, sobretodo Metroid y Rayman.

Tomamos el papel de Ori, un espíritu de luz brillante en forma de una especie de zorro bípedo acrobático que trata de restaurar la esperanza al gran bosque devastado por una tormenta de niveles nucleares que lo ha arrasado y hundido en la oscuridad. No quiero desvelar gran parte de la historia porque realmente merece la pena experimentarlo tú mismo, pero sí diré que es muy emotivo y bien desenvolupado, y admitiré que la secuencia de apertura me trajo las lágrimas. Esto dicho, sí hay que mencionar que algo de esta inversión emocional se pierde mediante el empleo en ciertas ocasiones del deus ex machina.

La presentación visual del juego es impecable, como sí de un enorme cuadro pintado a mano se tratara, con una increíble profundidad acentuada por diferencias en los contrastes de colores según la capa y una de las mejores y más orgánicas aplicaciones del desplazamiento paralexado que he visto. Elementos más próximos que el plano de juego no obstruyen la vista del jugador y sutilmente presagian la trama.

Según los diseñadores gráfico todos los elementos de fondo son únicos, es decir, que no verás un mismo árbol, roca o seta dos veces en el mundo. Los objetos y enemigos con los que se encuentra Ori se integran a este mundo perfectamente y nunca se sienten fuera de lugar. Además, cada objeto en primer plano con la que rocemos mientras exploramos el mundo reacciona a nuestro pasar, reforzando nuevamente esa integración e interactividad. En general tiene todo un tono muy reminiscente a las animaciones del estudio Ghibli, y tan hermoso es que hasta me podría quedar mirando el menú principal del juego durante horas. Se nota que le han echado una cantidad obscena de horas al pulido de los gráficos.

Cuando se nos presenta con un juego tan exquisitamente bello se nos podría perdonar el dudar por un momento que la jugabilidad no fuera a estar al nivel de la presentación visual, pero con Ori no tenemos de qué preocuparnos. La fluidez del control de nuestro personaje es de un nivel que no he visto desde Super Meat Boy, y responde a todos los controles perfectamente.

Empezamos con los limitados movimientos típicos de los juegos de plataformas, pero pronto se nos otorga un compañero llamado Sein, que podría describirse como Campanilla o Navi pero capaz de lanzar proyectiles eléctricos a corta distancia. Éstas se dirigen de forma automática a los enemigos, por lo que no tenemos que preocuparnos demasiado de apuntar antes de disparar y podemos concentrarnos en las evasiones y movimiento por el ambiente.

Según progresamos en el juego iremos obteniendo una serie de nueve habilidades, y con cada habilidad podremos acceder a nuevas zonas del mapa tanto para progresar el juego como para buscar incrementos para nuestras barras de vida o de energía. Además de estas también disponemos de tres grupos de habilidades que podemos adquirir con experiencia que obtenemos al vencer enemigos, y podemos optar por progresar más o menos en cada uno de los tres grupos, permitiéndonos personalizar nuestra experiencia. Hay también un reto en el juego para completarlo sin obtener ningunas de estas últimas.

La barra de energía de la que disponemos se usa principalmente para crear los enlaces de alma, que sirven para guardar nuestro progreso y servir de punto de partida cuando inevitablemente morimos, pero también se usa para abrir algunas puertas y para potenciar un ataque cargado, por lo que también tenemos que administrar el uso de esta energía para evitar dejarnos cortos de poder guardar el progreso antes de enfrentarnos a un nivel particularmente difícil. Esto más adelante viene a un reto menor cuando disponemos de una barra de energía más que amplia, y podemos dejar caer enlaces como el bajo en una canción de Skrillex.

El juego no dispone de un sistema de viaje rápido, por lo que tenemos que atravesar a pie el mapa varias veces en nuestra exploración, pero cuando el juego controla tan bien como lo hace Ori esto no resulta cansino en absoluto.

En general el juego es bastante difícil, sobretodo en algunas zonas donde tenemos que huir de un peligro inminente, pero esto también hace muy satisfactorio el superar estos retos cuando lo conseguimos tras morir unas 20 veces. La repetición no llega a ser frustrante, porque han conseguido que la dificultad sea la adecuada, y el fracaso es sólo culpa del jugador y no del juego en sí.

En cuanto al sonido, los efectos integran fabulosamente con la presentación, y la mezcla entre los sonidos del ambiente con los de nuestro personaje y su interacción con los enemigos está bien equilibrado. El poco diálogo que hay en su mayor parte consiste de una narración en un lenguaje inventado que parece interpretado por Jabba el Hutt desde el fondo de un tonel de cerveza, pero la voz se suma al misterio del mundo de forma natural.

Y para acompañar a todo esto, una banda sonora etérea y orquestal que transiciona de un tema al siguiente con el paso de los niveles de forma casi imperceptible, y elige los momentos de mayor tensión para saltar desde el fondo a llenar el espacio aural con emoción y pasión.

El juego dura entre 6 y 9 horas la primera vez que se juega, pero tiene un gran valor en cuanto a rejugabilidad con los retos propuestos como completarlo en menos de tres horas, o sin usar habilidades adicionales, o sin morir. Un punto negativo que hay que mencionar, y que para algunos que se han encontrado con este bug es motivo para nunca tocar este juego de nuevo, es una condición cerca del final del juego, en los últimos 10 o 20 minutos, que causa que no podamos progresar, siquiera reiniciando el juego, y que además, como sobreescribe nuestra partida grabada, significa que si no hemos creado una copia de seguridad de la partida en otro slot del juego tenemos que empezar desde el principio de nuevo. Yo me encontré con este bug durante la segunda partida, y no me supo mal, pero de haberme pasado en la primera partida sé que me habría dejado mal sabor de boca. Espero que esto lo solucionen y parcheen pronto.

Dejando de lado el bug mencionado, todo lo que hace Ori lo hace a lo grande y a la perfección, y por ahora esto para mi es el juego del año, y será difícil superarlo.

Eso es todo, esto ha sido Ori cegato en el bosque, y hasta la próxima.

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